lunes, 18 de abril de 2011

Maritza

Cuando Maritza fue hallada, se encontraba tendida en el piso de asfalto, tenía un agujero en la frente por el que la huella de una bala había dejado un hilillo de negra sangre que caía hasta el suelo, Maritza tenía ocho meses de embarazo cuando fue asesinada por robar su cartera o al menos eso pensó el patrullero que encontró su cuerpo aún tibio, en su vientre se percibían cada vez más lentos los latidos de una nueva vida que de ser atendida a tiempo podría salvarse.


***

¡¡Mierda y mil veces mierda!! ¡¡¡Desde cuando tengo que realizar yo una cesárea a un cadáver!!!” – Rezongaba con enfado el médico cirujano, aunque se negara admitirlo, en el fondo sabía que contando con suerte el pequeño bebe alcanzaría a sobrevivir, la ambulancia había llegado con suficiente tiempo para recoger a Maritza quien yacía inerte en la mesa del quirófano en espera de que el fruto de sus entrañas surgiera con la misma vida que a ella le faltaba.

En los milagrosos designios del destino Maritza había engendrado desde la muerte a un hermoso niño de buen semblante que a pesar de iniciar en cuidados críticos se recuperaba rápidamente como si la ausencia de madre desde antes de nacer no hubiera afectado en lo más mínimo su desarrollo.

“Según entiendo la madre no ha sido identificada” – Comento una enfermera a otra mientras atendían al bebe.

“Así es, Maritza es el nombre de la madre del patrullero que encontró el cuerpo, la señora murió hace más o menos un año en una forma muy parecida a como encontraron a la mamá de este bebe” – respondió la otra enfermera.

“¿Pero la policía no tiene ninguna pista?”

“Ninguna, no hay denuncios de desapariciones de mujeres embarazadas, ni las huellas dactilares, ni el ADN han ayudado a identificar el cuerpo”

“¿Y entonces cual será el destino de esta criatura?, mira al pobre, en estos momentos no sabe que su nunca va a conocer totalmente su origen, y sin embargo es de los más fuertes y sonrientes de la salacuna”.

La otra enfermera respondió como atendiendo a sus conversaciones de rutina: “Supongo que el área de trabajo social se encargara de él, lo pondrán en una casa del estado o si tiene más suerte de la que ha tenido hasta ahora podría ser rápidamente adoptado”.

Las proféticas palabras de la enfermera se materializaron ya que en poco tiempo el hijo de Maritza fue adoptado en el seno de una amorosa familia.

***

Martín corría por las oscuras calles, sentía como el latido de su propio corazón rebotaba en sus oídos ensordeciendo los demás sonidos de la calle, las escenas de la noche transcurrían de forma incesante en su cerebro como si todos los recuerdos de lo acontecido, pujaran por ocupar el primer lugar de sus pensamientos, recordaba la imagen de Carmen que inexpresiva caía al suelo como si no hubiese sentido la llegada de la muerte y simplemente se hubiese marchado de este mundo sin darse cuenta.

Palpo en su bolsillo, aun tenía los billetes, era más dinero que el que podía haber reunido en un año de trabajo, instintivamente decidió deshacerse del revólver y por eso lo arrojo al fondo del primer caño de aguas negras que cruzo en su camino, seguía corriendo, no podía evitar pensar en Carmen y en don Guillermo, toda la historia acababa aquí y él no sabía qué era lo que debía hacer.

Llevaban poco más de un año viviendo en la ciudad con Carmen, motivados por el hambre habían llegado del campo con el sueño de una mejor vida, ubicados en un barrio marginal y enfrentados a la posibilidad de conseguir un empleo decente, Martín había terminado por unirse con una banda de ladrones con la mala suerte que el revólver que le habían facilitado para amenazar a sus víctimas se había disparado accidentalmente y habían terminado asesinando a una anciana señora, que resulto ser madre de un patrullero de policía.

Por esa razón se alejo del grupo delincuencial, sin la intención de contar a nadie lo sucedido, incluso había escondido el revólver en un lugar donde Carmen no lo pudiera encontrar, desde entonces se había dedicado al reciclaje aunque no tenía la capacidad de dotar a su esposa de los elementos mínimos para una vida digna, en ocasiones incluso no comprendía como su Carmen hacia alcanzar el poco dinero que él llevaba a casa.

Pero esa precisa noche recuerda que todo sucedió muy rápido, Carmen lo esperaba nerviosa en la casa, Martín escuchaba como su esposa le relataba que el hijo que esperaba no era de él, sino del Señor Guillermo, el hombre para el que ella trabajaba como empleada del servicio algunos meses atrás, a pesar de que tuvo que dejar ese empleo por el embarazo el señor Guillermo había seguido ayudando pródigamente a Carmen, lo que les había ayudado a solventar su difícil situación.

Martín sintió como su cabeza se llenaba de sangre, mientras hacía caso omiso a la razón y sin escuchar las explicaciones de Carmen tomo el revólver del lugar donde lo tenía escondido y salió en dirección a la casa del Señor Guillermo, Carmen salió corriendo tras de él, sin reparar que no llevaba encima nada que la identificara.

Una hora más tarde Martín golpeaba incesantemente la puerta del señor Guillermo y cuando éste abrió, se encontraba semidesnudo y agitado, Martín le apunto con el revólver directo a la frente, cegado por el dolor exigía la presencia de la esposa de Guillermo, intentando encontrar alguien con quien compartir el sentimiento de la traición causada, pero no alcanzaba a comprender que estaba pasando cuando del cuarto principal salió otro hombre que preguntaba que estaba pasando.

Martín seguía recordando las explicaciones de don Guillermo sobre la fecundación in vitro y el alquiler del vientre, admitía que no entendía bien el asunto, ya que su mente se debatía entre la confusión sobre la orientación sexual de don Guillermo y el dolor de la traición que ahora no lo parecía tanto, no recuerda exactamente como trascurrieron las cosas pero recordaba el ruido de las sirenas mientras corría por las calles, también recordaba haber cambiado de rumbo varias veces girando en cada esquina y aun sin explicarse bien, estaba de nuevo en la ruta hacia su propia casa.

Tampoco recuerda claramente porqué se encontró a Carmen tan lejos del barrio en que vivían, ella en pijama le explicaba que solo lo había hecho por el dinero, pero que don Guillermo era homosexual y todo había sucedido en una clínica de fertilidad, mostraba a Martín un fajo de dinero que había ahorrado. Sin embargo en el recuerdo de Martín el eco de sus propias palabras era lo único que le resonaba en el oído:

- “Prefiero saber que me fuiste infiel a aceptar que estas esperando el hijo de un marica”

Con los ojos cerrados y saturado por la ira que lo dominaba, apretó el gatillo, recordaba un ruido sordo que cortaba el silencio de la noche y al abrirlos contemplaba el rostro inexpresivo de Carmen y de nuevo los recuerdos volvían a su mente en un orden confuso, Martín seguía corriendo y pensando, no sabía si instintivamente había tomado el dinero y había huido como un vil ladrón, por eso se detuvo en la mitad de la calle para verificar sí aun lo llevaba en el bolsillo, en ese momento de la nada surgió un vehículo que no alcanzo a frenar y cegó la vida del excitado homicida.

***

- “Es el segundo cuerpo sin identificar que encontramos hoy” – Dijo un patrullero a su compañero

-“Al parecer este fue atropellado por un carro fantasma, pero al parecer fue un accidente, mira que montón de dinero lleva en los bolsillos, o sea que descartamos la idea de un robo” - Repuso el otro patrullero – “Diré en el reporte que se llama Francisco como mi Abuelo, a él lo atropello una moto hace bastantes años”.

- “Sabes esa costumbre tuya de colocarle los nombres de tus familiares muertos a los cadáveres no identificados es un tanto macabra…”

***

Al no aparecer nadie que los reclamara, los cuerpos sin vida de Carmen y Martín fueron enterrados en tumbas sin nombre muy cerca el uno del otro para toda la eternidad.

jueves, 15 de abril de 2010

Un dia libre

Cuando la primera gota de agua toco su piel, el frio que ya recorría su cuerpo se vio fuertemente acentuado, en un día gris como este, Pablo sentía la necesidad de sentirse vivo, por eso a pesar de ser el primer que tenia libre en mucho tiempo, decidió no quedarse en casa sino salir a encontrarse con ese mundo del que se había desconectado casi totalmente por andar inmerso en el trabajo.


El agua no logro calentar su cuerpo: “¡Pero que frio hace hoy en Bogotá!”, Pablo siguiendo un extraño impulso se vistió con aquellas ropas que más le agradaban, sumido en un incipiente egoísmo de vestirse para sí mismo y no para los demás, le extraño con franqueza que el teléfono no sonara, la previsible llamada de Andrés, una especie de mezcla entre amigo y novio, no había llegado hoy.

Estando listo para salir decidió llamar el mismo a Andrés para proponerle ir al cine o a comer o simplemente caminar, pero el teléfono de Andrés timbraba constantemente y nunca fue contestado, se sintió extrañado pero igual decidió salir solo, esa mañana la helada brisa alivianada golpeaba su cara, el frio penetraba a través de sus huesos y sin embargo Pablo se sentía ligero, escuchaba el murmullo de las masas que se agolpaban en los buses rumbo a sus trabajos, como si una fuerza impenetrable le diera un respiro de la agotadora rutina diaria.

Aunque llevaba años sin fumar, prendió un cigarrillo y camino fumando con las manos en los bolsillos, bajo el cielo gris, recordaba sin nostalgia aquellos tiempos de Universitario cuando creía que si podía reemplazar el almuerzo con un cigarrillo, trasformar el mundo no era un atarea imposible.

Tras varias horas de caminata, se sintió solo, la ausencia de Andrés nunca había sido tan profunda como ahora, le extrañaba su silencio y aunque rastreaba en su memoria los indicios de un disgusto anterior, una nube gris también cubría los recuerdos de los días anteriores, igual poco le importaba porque se sentía liberado, incluso de sus propios prejuicios y en un arrebato de libertinaje consumado decidió entrar a un cibercafé y contactar a un desconocido con intenciones de sexo ocasional y sin compromiso.

Observo largamente la lista de mensajes que pugnaban por ganar protagonismo en la pantalla, respondió a muchos de ellos sin obtener respuesta, el mundo virtual parecía trascurrir sin su presencia y a pesar de gritar con el teclado sus palabras parecían ciegas ante los ojos de los otros espectadores.

Decepcionado aun más, salió del café con rumbo a ese sórdido lugar que hacía muchos años no frecuentaba, y que muy pocos sabían que alguna vez había ido, su autoestima se sentía destruida al ser tan vilmente ignorado en el mundo virtual, así que aunque no se consideraba un adonis asumía que tendría más fortuna en el oscuro y cálido mundo real de un sauna.

Se desnudó sin prisa, observo su torso y se vio a si mismo más delgado y mas pálido, no por eso se sintió débil o enfermo, sin embargo anhelaba la vitalidad de sentir la tibieza de otro cuerpo rozando el suyo propio, en busca del calor que no había sentido desde la mañana. Ese día como nunca antes todos los seres que deambulaban por aquel lugar, establecían contactos e ignoraban meticulosamente a Pablo, como si en el fondo nadie se percatara de su presencia.

Por primera vez se sintió completamente ajeno al mundo, recordaba sus ritmos diarios, el café, el autobús, las personas, el internet y hasta el sauna, hoy era su día de libertad y sentía que hasta el propio disfrute del morbo estaba involucrado en su diario vivir al eliminar sus rutinas laborales también había eliminado el origen del verdadero placer.

Se vistió aprisa conmovido por el desperdicio de su día de descanso, marcó de nuevo a Andrés sin recibir respuesta, camino a su casa millones de recuerdos de toda su vida invadían su mente sin sentir nostalgia de algún pasado mejor, el único sentimiento que le producía una profunda congoja era el haber sido olvidado por el mundo mientras el trataba de disfrutar su día libre.

Su concentración fue alterada al notar el número de personas que se agolpaban en la puerta de su casa, una ambulancia estaba estacionada en medio de la multitud, la madre de Pablo lloraba ante una camilla que tenía un cuerpo cubierto de pies a cabeza, a su lado estaba Andrés que la consolaba infructuosamente, mientras la policía interrogaba algunos vecinos.

En ese momento Pablo se dio cuenta que se había muerto solo durante la noche anterior.

viernes, 19 de febrero de 2010

Amet


El viento frio rozaba suavemente los cristales del automóvil, dejando un húmedo tapiz de pequeñas gotas brillantes sobre su superficie, en el interior la calefacción hacia olvidar ligeramente el helado amanecer de la mañana Bogotana, un radio teléfono permanecía en silencio, en esa hora muerta en que nadie solicita un taxi.

A Amet le gustaba trabajar de noche, sabía que se corrían riesgos, pero detrás del volante él sentía como abordaba la inmensidad de la noche y como flotaba en un mar de sueños que salían de las pálidas ventanas cansados de rondar a sus creadores, en la silla de atrás trasportó muchas veces al borracho alegre, la mujer desconsolada, el viajero desprevenido o el extraño tripulante de una ciudad dormida, luego de dejar al pasajero en su destino el taxi era habitado por un silencio que solo era interrumpido por la voz casi robótica del radio teléfono.

Sin embargo hoy todo iba a ser diferente, Amet había detenido el taxi frente al parque metropolitano, desde allí reflexionaba en silencio sumido en una profunda meditación cuando escucho los gritos de una joven voz a través del radio teléfono, al parecer alguien estaba recibiendo un terrible daño y lo anunciaba a través de la frecuencia de los taxis.

- “Martha, ¿Me copia? – Pregunto por el radio
- “Adelante central” – Respondió la voz robótica
- “Escuche gritos a través de esta frecuencia, ¿Qué está pasando?”
- “No he escuchado nada, debe ser el cansancio, no ha habido nadie en esta señal por más de media hora, fuera” – Fue la respuesta de la voz metálica y de nuevo el silencio invadió el espacio del vehículo.

Amet se sintió extrañado, decidió que era mejor ir a descansar en la habitación de alquiler donde lo esperaba una pequeña cama y un televisor, y recobrar energías para un arduo día de trabajo.

Conforme pasaron los días olvido aquel extraño incidente, una noche a la salida de una taberna recogió una pareja de homosexuales que insistentemente le pidieron que los llevara al parque metropolitano, a Amet le gustaba transportar las parejas homo, al fin y al cabo pocas veces estaban tan ebrios como para ocasionar problemas y casi nunca discutian la tarifa del taxi.

Aun así a Amet le resultaba tremendamente sospechoso que dos personas fueran a un lugar tan desolado a esas horas como el parque metropolitano.

- “Si quieren los llevo a un motel”- Sugirió con autentica sinceridad y el mínimo de malicia, con el tono de quien está acostumbrado a visitar lugares que resultan exóticos para los humanos que solo deambulan en el día.
- “No gracias, al parque por favor” – respondieron los jóvenes.

Tras dejarlos cerca al entrada del parque, Amet siguió avanzando por la desocupada avenida mientras pensaba en las razones que motivarían a los jóvenes a ir a un lugar tan remoto, no se veían de escasos recursos como para no ir a un lugar más cálido e higiénico, su pensamiento fue interrumpido cuando de nuevo los gritos de dolor surgieron el radio teléfono,se escucharon por un breve instante para acallarse de forma tan repentina como habian iniciado.

Sin embargo Amet relaciono la voz del radio teléfono con la voz de uno de los jóvenes que se acababa de bajar del vehículo, asi que dio la vuelta al parque y regresó al lugar donde había dejado a aquel par de jóvenes.

Bajó del vehículo, con una linterna de mano, apuntando a la densidad verde de los arbustos, llamó insistentemente pero no escuchaba nada, absolutamente nada, hasta las ranas y los insectos de la noche resultaban sospechosamente silenciosos, al fondo vio entonces una luz destellar y se dirigió allí, pero tuvo que detenerse cuando desde el radio teléfono de su vehículo escuchaba nuevamente los gritos de dolor.

Reaccionó, se sintió asustado, llamo a la central donde la voz robótica de Martha, poseedora de una calma casi enloquecedora, le aseguro que nadie había escuchado nada. Así que Amet antes de creer que se estaba volviendo loco decidió esperar el día para averiguar que misterio envolvía ese sector del parque metropolitano y sobre todo cual era el extraño origen de esos gritos.

Al visitar el parque de día no encontró nada, ni siquiera las señales de los jóvenes que había dejado la noche anterior, Amet dejó de comentar el hecho con sus compañeros cansado de sus burlas (las de ellos), sin embargo todas las noches cruzaba por lo menos una vez por el parque tratando de aclarar sus dudas, dos semanas más tarde en el mismo lugar vio salir de entre los arbustos un muchacho que enseguida reconoció.

Salió de prisa entre los arbustos, detuvo el taxi como si estuviera siendo perseguido por alguien, sus ropas venían ajadas y sucias, señal de que había luchado con alguna otra persona, sus labions sangraban y sus ojos cristalizados por el dolor, denotaban angustia y tristeza.

- “Por favor sáqueme rápido de aquí, vámonos es peligroso” – Dijo al subir al taxi.

Amet acelero con rumbo a una zona mas concurrida en el momento que sintio como la puerta del automóvil se cerraba .

- “Que le ha pasado” – Pregunto Amet con la certeza que este joven tenía alguna relación con los gritos de su radioteléfono
- “Han intentado robarme y violarme” – respondió la agitada voz del muchacho
- “Yo lo conozco, usted hace unas semanas me dijo que lo trajera aquí, usted venia con un amigo” – Replico Amet al respecto _ “¿Le puedo hacer una pregunta?”

Al no obtener respuesta Amet observo al muchacho por el espejo retrovisor, pero para su sorpresa la silla de atrás estaba vacía.

El roce del caucho de las llantas contra el asfalto produjo tal chillido que a varias decenas de metros fue fácil percibir como un vehículo frenaba en seco, el joven y maltratado pasajero se había esfumado simplemente de un vehículo en movimiento con las puertas aseguradas, Amet no soporto más y llamó a la policía argumentando que un joven malherido corría por el parque pidiendo ayuda.

Amet decidió volver al lugar donde había recogido al muchacho que ya conocía, con la linterna de mano y un cuchillo que cargaba para su protección se interno en el bosque del parque, en búsqueda del causante de los gritos. Habría avanzado unos metros cuando de nuevo escucho los gritos de su radioteléfono, los cuales estuvo completamente dispuesto a ignorar.

Avanzo lentamente, atento al más mínimo movimiento mientras el recalcitrante silencio de la noche lo rodeaba y el viento helado parecía haberse detenido por temor a mover las hojas de los árboles, unos arbustos al fondo se movían de forma continua y Amet se acerco a ellos donde pudo descubrir a los jóvenes de la otra noche, uno de ellos estaba violando y golpeando al joven que Amet había recogido unos momentos antes.

Amet acudió en su defensa tratando de atacar con su cuchillo al perpetrador, cuando éste noto su presencia volteo a verlo, sus ojos brillaban con una luz rojiza, de su boca surgía un delgado hilo de sangre que de su cara caía directamente sobre el césped, la sangre negra sobre el césped negro de la noche, Amet sintió como esa mirada fiera le hacía perder sus fuerzas y poco a poco se desmayaba sobre el mismo césped negro cubierto de sangre negra.

Cuando la policía llegó encontró a Amet gravemente herido, múltiples heridas con arma blanca y un cuchillo clavado en el abdomen, estaba tirado en un claro del parque cerca de su taxi, la tierra bajo el había sido movida recientemente y bajo ella encontraron el cadáver de un joven que mostraba signos de lucha y violación. Llevaba muerto más de un mes.

El caso fue archivado como crimen pasional.

jueves, 4 de febrero de 2010

Rompiendo la rutina

Margarita ese día no llegó, era extraño que eso sucediera por que todos los días a las 7 de la mañana se escuchaba girar la perilla de la calle y sus pasos por el corredor principal de la casa, siempre llegaba cubierta con un largo abrigo café de imitación piel y una bolsa plástica con las compras del desayuno, Bernardo la esperaba en la cama para que lo ayudara a levantar y a asearse, Margarita lo cuidaba como si a pesar de su avanzada edad fuese aun un bebe.

Bernardo era amable con Margarita, desde la muerte de su pareja había comprendido que su estado no le permitía valerse por sí solo y por ello se ayudaba en lo posible a sí mismo para hacerle más llevadera la labor a la fiel empleada quien durante varios años lo ha cuidado día tras día, pero hoy era diferente, eran cerca de las 8 y los ruidos provenientes de la calle no anunciaban los pasos de Margarita.

Cerca de las 9 llamó a Margarita por teléfono pero no le contesto, si preocupación era evidente, aun acostado en la cama sabia que algo extraño estaba pasando, por ratos se sentía enojado al entender el nivel de dependencia que había adquirido y que el simple hecho de que Margarita no estuviese estaba rompiendo con su ya acostumbrada cotidianidad.

A las 10 sentía un hambre voraz, eso y la preocupación por que algo le hubiese pasado a Margarita, obligó a Bernardo a salir de la cama, arrastrase por el piso y alcanzar la silla de ruedas que por ironías del destino estaba más lejos que de costumbre, aunque él pesaba apenas un poco mas de 40 kilos sus pocas fuerzas hicieron de esta una labor maratónica, lavo su cara como pudo y se vistió a medias, sobre las 11 de la mañana estaba frente a la puerta de su casa pensando que al menos habían pasado 5 años antes de que hubiera salido solo por última vez.

Verificó que llevara las llaves de la casa y dinero para comprar comida, sentía la silla de ruedas pesada ya que nunca la había empujado más de las distancias dentro de su propia casa, hubiera dado cualquier cosa por saber donde quedaba la tienda en al que margarita compraba ese delicioso pan de maíz cuyo aroma salía por la cocina e inundaba con borbotones de nubes todos los espacios de su casa.

La ciudad había cambiado, y Bernardo observaba los cambios de las cuadras cercanas como un viajero en el tiempo que de repente llegara al futuro, descubrió una colosal avenida construida hace poco y al otro lado el aroma de pan de maíz que surgía de un local con un vistoso letrero verde, espero el cambio de semáforo y a pesar del cansancio de sus nudosas manos impulso la silla para llegar lo más pronto al otro lado de la calle.

(…)

Jorge estaba distraído, manejaba su moto pensando en lo absurdo que había resultado todo aquello, peleaba constantemente por los celos enfermizos de su novio que además de ser sin fundamento habían alcanzado los límites de la agresión física, lloraba en silencio mientras pensaba y aceleraba su moto por la nueva avenida de la ciudad.

Con un trabajo de mensajero no era mucho lo que podía hacer para independizarse de ese hombre bastante mayor que él con quien convivía, era verdad que le ayudaba económicamente desde que llegó del pueblo, pero la verdad no le permitía hablar con nadie y lo cuidaba como si Jorge fuera más un objeto valioso que un ser humano.

Jorge escudriñaba su cerebro en buscas de ideas para salir adelante, ahora que su relación tocaba su fin, siendo la moto su única posesión en este mundo, imploro a dios por una solución a sus ideas, estaba tan concentrado en su oración que apenas alcanzo a notar que la luz del semáforo había cambiado y como un delgado anciano cruzaba la calle en silla de ruedas a una gran velocidad, Jorge trato de frenar pero era demasiado tarde.

(…)

La silla de ruedas giro sobre sí misma como si de un trompo se tratase, Bernardo sin saber que o porque había sido golpeado miraba el mundo girar a su alrededor, como cuando era niño y su padre lo llevaba al parque de diversiones, inconsciente del grave peligro que corría empezó a reír y extendió los brazos, el aire golpeaba su cara arrugada y se colaba en su boca sin dientes, en los segundos que parecieron eternos la silla freno contra la acera del frente, sobre ella Bernardo sin un rasguño, pero con un inmenso brillo en los ojos.

Jorge aparco la moto como pudo, y corrió a donde Bernardo para verificar que se encontrara bien, lo había visto dando vueltas en la silla con los brazos abiertos y riendo. Pero se alegro al verlo ileso, lo ayudo de nuevo a acomodarse en la silla de ruedas mientras el abuelo le decía que había vivido una de las experiencias más emocionantes de su vida.

Mientras comían pan de maíz, Jorge le conto a Bernardo las razones por las que casi lo atropella y como su vida había cambiado de repente y para siempre, Bernardo le contó a Jorge como desde la Muerte de su pareja nunca había dejado de ser cuidado por una empleada que había desaparecido en ese día y como su vida había cambiado de repente pero no para siempre.

Tras el golpe con la silla de ruedas la moto no estaba en muy buenas condiciones, Bernardo le comento a Jorge que a falta de compañía temía que un día Margarita no llegara a trabajar y el muriera solo por el simple hecho de no poderse llevar un pan a la boca, como Jorge ya no tenía donde vivir y sin moto no podía trabajar, Bernardo le ofreció que lo acompañara en su casa para ayudar a la fiel Margarita. Alo cual Jorge acepto gustosamente.

(…)

A las 7 de la mañana del otro día, se escucho girar la perilla de la calle y se sintieron pasos por el corredor principal de la casa, una mujer de edad madura cubierta con un largo abrigo café de imitación piel y una bolsa plástica hablaba duro pidiendo excusas por no haber ido a trabajar el día anterior debido a que había sufrido un imprevisto, comento además que apocas cuadras de hay un muchacho descontrolado en una moto trato de atropellar a un viejito loco en silla de ruedas.

martes, 12 de enero de 2010

Aquel encantador extraño


La luz estroboscopica del fondo de la pista parecía estar perfectamente sincronizada con la canción de fondo, la alegría se esparcía como una bruma que poco a poco iba a contagiando a todos los concurrentes a la congestionada discoteca.


Wilson en la barra pedía dos cervezas, miraba a Julio bailar solo en medio de la multitud, sus cabellos rizados no parecían moverse de ninguna forma coordinada, pero su mirada mantenía fijada en Julio y de cuando en cuando le brindaba una sonrisa, Wilson se sentía feliz, el encontrarse accidentalmente con ese hombre le estaba cambiando la vida.

Unas horas antes al finalizar la jornada laboral, Wilson salía de su oficina rumbo a su casa, se sentía solo y triste, estaba en esos días en que todo es de color gris, con tres relaciones fallidas llevaba más de un año solo mientras que sus amigos parecían estar felices cada uno en su propio mundo.

Tomo un autobús rumbo a la casa, sabía que era viernes y le encantaría salir a bailar pero no estaba dispuesto a salir a un bar a buscar compañía y sexo ocasional, él anhelaba una compañía un poco más permanente. Al subir reparó en el joven rubio sentado en la primera fila, se sentó un puesto atrás al lado opuesto para observarlo mejor, al rato descubrió que podía observarlo a través del reflejo del vidrio del conductor y así no incomodarlo.

Cuando el hombre fue a descender, Wilson se apresuro para descender primero con el objeto de evitar que pareciera que estaba persiguiendolo, se bajo del autobús y en seguida ese muchacho de cabellos rizados bajo tras de él.

- “Si me sigues mirando me vas a gastar” – le dijo a Wilson con cierta sonrisa picara – “Note como me mirabas a través del reflejo” – prosiguió mientras lo miraba.

Wilson sintió cierto escalofrío recorriéndole la espalda mientras pensaba, que había descubierto al hombre de su vida, o más bien que él había sido descubierto, descubriendo al hombre de su vida, caminaron juntos calle arriba, al principio la conversación inicio como muchas conversaciones de personas que no se conocen, el nombre, la edad, las cosas a que se dedica en la vida, y muchas mas.

Pero en un momento empezaron a hablar de barcos, el tema favorito de Wilson, y noto que Julio estaba muy versado en el tema, caminaron y conversaron por muchas cuadras, incluso muchas cuadras mas allá de lo racionalmente cerca de la parada del autobus y terminaron bebiendo un café caliente mientras cruzaban sus miradas con cierto aire de romanticismo y complicidad.

Decidieron salir a bailar esa  misma noche, descubrieron que tenían los mismos gustos musicales, los mismos gustos en lo referente a las bebidas y hasta misma costumbre de sorber el trago a través del mezclador en vez de beberlo normalmente.

Wilson sabía una cosa, no es prudente irse a la cama con un hombre cuando se espera de él algo más que una noche de placer, asi que tras la noche de rumba y el beso robado y luego devuelto y muchos besos más, Wilson se ofreció a llevar a Julio a la casa de él.

- “¿Y cómo se que te volveré a ver?” – Pregunto Julio con curiosidad y cierto desgano

- “Toma esta pulsera es una de mis posesiones más preciadas, cuando nos volvamos a ver me la devuelves así sabrás que volveré a buscarte”. Respondió Wilson en la puerta de la casa de Julio y luego de despedirse salió con rumbo a su propia casa con un embarque inmenso de felicidad.

Dos días después Wilson volvió a la casa de Julio, con la esperanza de volverlo a ver, pero en su lugar una mujer de avanzada edad empezó a llorar cuando Wilson le pregunto por Julio.

- “Julio mi hijo, murió hace más de un año en una riña callejera” – aseguró la mujer tratando de calmarse.

- “No es posible antenoche estuvimos tomando café, rumbeando Juntos, y hablando de barcos” – Respondió Wilson.

- “Pero si Julio nunca supo nada de barcos, incluso le temía al agua, además no le gustaba el café”.

Una fotografía permitió a Wilson verificar que efectivamente estaban hablando de la misma persona, la señora amablemente invito a Wilson hasta el lugar donde se hallaba la tumba de su hijo, un cementerio alejado de la ciudad, a la entrada del mismo ella compro flores rojas sembradas en una canasta de mimbre y esparcia sobre ella los caramelos que le gustaban a su fallecido hijo y que mas tarde terminarían comiéndose los pájaros.

Llegaron con paso lento, mientras la serena tarde avanzaba igualmente sin prisa, hasta una tumba en el suelo, cuyo pasto había sido cortado recientemente, se ornaba con una pulida lamina de mármol gris sobre la cual reposaba brillante la pulsera de Wilson.

lunes, 28 de diciembre de 2009

La poción


Él sabia que era diferente, lo supo desde que llego a la adolescencia, mientras todos sus compañeros del colegio se reunían en cualquier calle del barrio a jugar un picadito de banquitas, él prefería quedarse en casa ayudando a su mamá con las labores de la casa en especial la cocina cuya magia de olores y vapores le producía cierto místico encanto.


Releía aquel libro viejo que se robo de la biblioteca del colegio donde un hechicero preparaba mágicas pociones con humos de todos los colores, el viejo libro se había desgastado en sus manos ya que nadie del colegio lo había mirado en años y se imaginaba allí en la cocina de su madre preparando pociones mágicas, que lo convirtieran en duende u ogro y de esa manera sentirse especial.


A pesar de los constantes reclamos de su padre y las burlas de sus compañeros, que de vez en cuando le llamaban maricón, sabia que era especial, sabia que eso le podía a ocurrir a él, el más común de los mortales, tantos libros y películas que había leído y visto en la vida no podían equivocarse.

Una noche en que sus padres se iban a un comida fuera de casa el se quedo solo, había sido victima de las humillaciones de sus compañeros, y ese día se sentía particularmente diferente a los demás, ni menos ni más, simplemente distinto, así que decidió buscar el viejo libro que había robado de la biblioteca y preparar una poción que le permitiera volar hasta el mundo mágico a donde con seguridad pertenecía.

Con la presteza de quien ha preparado mil veces la receta, arranco pelos al gato de la casa y plumas a las gallinas del solar, un poco de ceniza y a falta de aliento de dragón cambio este ingrediente por cebolla cabezona argumentando que no afectaría el sabor, cuando el vapor del primer hervor alcanzo el techo de la cocina lo dejo reposar al aire sereno de la noche por un par de horas, antes de beberlo hasta el fondo y sin dudarlo un segundo.

Su cuerpo se estremeció cuando la mágica poción descendió por su garganta, tenía un sabor desagradable, a grasa, perfume y detergente, para cuando llegó al estomago, él convulsionaba en el suelo mientras destellantes luces de colores le cegaban los ojos, sentía un dolor inmenso salir de su vientre hacia todo su cuerpo que poco a poco se iba paralizando hasta quedar totalmente inconsciente.

(…)

Cuando despertó, se sintió diferente, no como se había sentido siempre, esta vez era real, sus brazos eran enormes y la piel de su rostro había perdido esos ligeros defectos de la adolescencia, era mas alto, mas fornido y el lugar donde estaba era un bello jardín cubierto de flores de mil colores, aunque el sol brillaba con fuerza un suave rocío cubría las plantas mientras un aire fresco le agitaba el ondulado cabello.

Recorrió el lugar, mientras pensaba para si, que la poción había resultado efectiva, que era el poderoso hechicero con quien siempre había soñado, y en su viaje descubrió coros de ranas, cascadas de miel y oro, arboles mágicos que conceden deseos y mil maravillas más. Tras varias horas de caminar deslumbrado por aquel mágico lugar diviso una silueta humana.

Era un hombre desnudo que se bañaba en un lago rodeado de piedras redondeadas, lo veía de espaldas, unas espaldas anchas y una cintura firme, con unos brazos torneados y músculos firmes, el conjunto en si era bello y él se siguió acercando a contemplar este ser que le generaba una magnética atracción, el hombre volteo a verlo y con una sonrisa que hizo parecer gris al radiante día lo invito a unirse a su baño.

El rostro de aquel hombre le pareció familiar pero sumamente atrayente, y pese a los temores y la discriminación de sus compañeros, sabia que en aquel lugar todo era perfecto, se acerco al hombre y descubrió que podía caminar sobre las aguas, se sentía atraído por esa sonrisa que paso a paso lo unió con aquel desconocido en un poderoso beso, que lo dejo sin aliento y muy pronto sin sentido a causa del placer.

(…)

- “Su hijo se ha intoxicado, no es nada grave, que se tome estas pastillas hasta que se sienta mejor, es posible que incluso hasta haya tenido alucinaciones”, fue la prescripción del medico.

Para todos fue una simple intoxicación por andar experimentando en la cocina, pero para él la visita al mundo mágico donde se despertó su sexualidad era bastante real, ahora sabia por que era diferente.

martes, 1 de diciembre de 2009

Pachabuco

Pachabuco es un travieso espíritu de la selva que habita en ella desde que el tiempo tiene memoria, se divierte robando maíz y fermentando la chicha de los humanos, pero se esconde de los ojos de los hombres disfrazándose de armadillo, hicotea o guacamaya tricolor.


Los hombres quieren a Pachabuco porque los hace reír, y Pachabuco también es feliz, es cómplice del amor y cuando una pareja desea estar junta, arma lechos en la selva, acolchados con pétalos de miles de orquídeas, armoniza coros de ranas doradas (Que son las que mejor cantan) y trae enjambres de luciérnagas que juegan a ser las estrellas en las noches de lluvia.

Cuando dos seres se compenetran producen una música celestial que irónicamente los humanos son incapaces de oír, Pachabuco entonces va a lo profundo de la selva y extrae lianas de un árbol tan desconocido que aun no tiene nombre, con ella produce un cordón mágico e invisible con el que ata los pies de la pareja toda su vida, entre el gorjeo de loros y gritos de monos aulladores se escucha a Pachabuco reír.

Los caciques de los hombres dan ofrendas a Pachabuco, saben que adora la miel negra de caña y por lo tanto le dejan copas de oro adornadas de esmeraldas rebosantes del dulce néctar, Pachabuco lo bebe totalmente (aunque pelea por él con las hormigas) y utiliza el oro para dar brillo al sol, muele las esmeraldas y con el polvo pinta las hojas de la selva.

Un día Pachabuco observo desde el monte unos hombres de extraña vestimenta llegar al mundo de sus amigos humanos, traían objetos que producían ruidos ensordecedores, tomaron todo el oro, las esmeraldas, se llevaron a los hombres e incendiaron la aldea, desde entonces no hubo más música, mas ofrendas, ni más risas.

Pachabuco se refugió en el fondo de la selva donde durmió por casi 500 años, desde la rama del árbol donde estaba durmiendo, escuchó las luchas de la conquista y la colonización, gritos de independencia, guerras civiles, asesinatos de caudillos, secuestros y conflictos armados.

Un buen día Pachabuco escucho de nuevo la música celestial que solo dos humanos compenetrados pueden producir pero que son incapaces de escuchar, Pachabuco despertó y corrió en busca de los amantes, creyó en el regreso de sus amigos humanos pero cuando llegó se sorprendió, en vez de encontrar un hombre y una mujer encontró a dos hombres entregándose mutuamente su amor.

Pachabuco giro la cabeza y escucho de nuevo la música que llevaba medio milenio sin oír, solo lo pensó un instante y fue a lo profundo de la selva y extrajo lianas de un árbol tan desconocido que aun no tiene nombre, con ella produjo un cordón mágico e invisible con el que ató los pies de la pareja toda su vida.

Miles de gritos de Guacamayas Azules y Rojas, Cantos de Ranas y Chicharras, Aullidos de Monos y loros, la selva entera escucho de nuevo a Pachabuco reír.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Ohh fantasma








El agua del pequeño charco salpico bajo los pasos de aquellas botas grises que cruzaron corriendo, iba totalmente cubierto con ropa que le protegía de la lluvia torrencial, una capota le cubría la cabeza y una bufanda parte del rostro, suerte que prácticamente la única parte del cuerpo que quedaba descubierto eran sus ojos.




Corría aprisa huyendo de la lluvia, cargaba un ramo de rosas blancas envueltas en un papel igualmente blanco, las luces de la calle que se reflejaban en las multitudinarias gotas de agua cayendo, parecían opacas bajo la fuerte llovizna, tras cruzar frente al portal de una casa tropezó con Braulio.




(…)




Braulio colocó la rosa blanca en un jarrón con agua, el extraño que había tropezado con él la había dejado caer y Braulio la recogió, recordaba los ojos del extraño, un tanto siniestros, un tanto melancólicos, pero que resultaban insoportablemente familiares.




Esos ojos traían cierta sensación de algo pasado, como si la mirada de ese ser anónimo penetrara dentro de si y sacara de su alma algún profundo y enterrado dolor.




(…)




Pasaron los días y la rosa blanca poco a poco se fue marchitando, pero su presencia era el infatigable testigo del abrupto encuentro de aquella noche lluviosa, Braulio se esforzaba por recordar quién podría ser aquel extraño individuo que le resultaba tan familiar, e incluso un par de veces creyó verlo en la calle mientras el cruzaba en vehículo, pero a la vez parecía que era fruto de su imaginación.




(…)




La noche en que decidió arrojar aquella rosa ya marchita, sintió un escalofrío recorriendo su espalda, observo la ventana y allí tras los cristales se encontraban esos ojos observándole como la noche de la lluvia, en el medio del frio de la noche, el individuo había regresado.




Braulio salió a hablar con él, pero el enigmático personaje empezó a correr, Braulio lo persiguió dispuesto a salir de dudas, lo observaba correr a medida que lo alcanzaba, un poco más delgado y más bajo que él, mucho más robusto en contextura, y una extraña familiaridad en la forma de huir.




Cuando le dio alcance y lo tomo bruscamente del brazo, giro la cabeza y esos miraron profundamente a Braulio, un extraño recuerdo se apodero de él, de un juego con muchas risas, de una época muy feliz, el individuo se aprovecho del descuido de Braulio, se quito un collar que pendía de su cuello y lo arrojó a Braulio para luego desaparecer entre las sombras de la noche.




(…)




Junto al jarrón con la blanca rosa marchita, Braulio deposito el collar, este poseía un dije tallado, era un delfín, evocaba en Braulio una larga caminata por la playa, y difusas fogatas en la compañía de alguien muy agradable y sintió demasiada tristeza de no haber vivido nunca algo así.




Se retiro a dormir temprano y soñó con la lluvia, con las rosas, con el juego, con la playa, con el delfín y con el extraño, en su sueño, el día radiante repentinamente se volvía oscuro y un grito de dolor inundaba el espacio, recordó guardar cosas en un baúl gris mientras lloraba, despertó asustado con la sensación de haber visto el baúl del sueño en alguna otra parte.




(…)




La madre de Braulio no pudo ocultar su asombro y su disgusto al observar el collar que se hallaba bajo el jarrón con la rosa blanca marchita, vocifero y amenazo a su hijo si intentaba bajar de nuevo al sótano.




Braulio no recordaba haber querido bajar al sótano en mucho tiempo, igual allí no había nada que fuera de su interés, pero la reacción y el reclamo de su madre le causaba demasiada curiosidad, así que aprovecho el primer momento en el que se encontraba solo en la casa y bajo al sótano para descubrir allí el baúl con el que había soñado, trato de abrirlo pero se encontraba cerrado con llave.




(…)




Creyó ver por tercera vez a el enigmático ser cuando el bus cruzaba frente al cementerio, bajó del bus y corrió lo más aprisa que pudo, pero perdió la pista cuando se hallaba cerca a una tumba cuya lapida mencionaba el nombre de “Sebastián Perdomo” y debajo tenia la leyenda “Tu recuerdo habitará por siempre cerca de mi corazón, Braulio”, la cosa empezaba adquirir un matiz irracional, Braulio regreso a su casa completamente desconcertado.




LA misteriosa aparición de aquel extraño había alterado su vida, sus sueños y hasta su familia, se sentía furioso al no poder comprender lo que pasaba, tomo el collar con el delfin tallado y lo arrojo contra la pared, el dije de madera se rompió en mil pedazos y dentro de si apareció una pequeña llave, tan pequeña como para abrir el baúl.




(…)




Dentro del baúl encontró cartas, regalos, fotografías y todos los recuerdos de una vida feliz en la que Sebastián y Braulio habían compartido mucho, también encontró un periódico con la noticia de la muerte de Sebastián, quien accidentalmente se había ahogado mientras se encontraba de vacaciones en la playa.




(…)




No sirvieron las múltiples horas de terapia en las que la familia de Braulio intento borrar el recuerdo y dolor por la muerte de Sebastián, ni tampoco el intento de  ocultar toda evidencia de su paso por este mundo, el amor entre ellos fue tan fuerte que Sebastián regresó del más allá, solo por recuperar a Braulio.



jueves, 12 de noviembre de 2009

Arthur y Alexis



Cuando Arthur conoció a Alexis, este último estaba sentado en el borde de una roca contemplando el paisaje, sus alas se veían brillantes aunque maltratadas, en cambio las alas de Arthur resplandecían con un brillo inusual.



- “Que te ha pasado”, pregunto Arthur


- “Me he puesto a correr tras unas luciérnagas y he tropezado”



Las miradas de los dos seres feericos se cruzaron y se gustaron, Alexis sonrió y salto volando a la copa de un árbol, Arthur lo siguió y empezaron a juguetear tratando de acercarse al cielo, a su paso dejaban una estela dorada de polvo de hadas y sus pequeñas risillas resonaban en el bosque encantado, es probable que uno que otro humano las alcanzara a escuchar.



Tras juguetear por un largo rato, se sentaron en el borde de un manantial, donde Alexis le conto a Arthur que le gustaba explorar, conocer nuevos lugares, y que se había maltratado por culpa de su espíritu aventurero, muchas veces había sido recriminado por sus compañeros de la gruta donde había nacido y sabia que si alejaba demasiado su vida se agotaría.



Arthur por su parte, guardaba silencio ante su pasado y su futuro, al contrario de Alexis, era un hada brillante pero de mirada triste, los dos seres se sintieron complementarios y mientras un manto de estrellas cubría la noche, unieron sus vuelos rumbo a la gruta donde Alexis había nacido.



El designio de la diosa fortuna no pudo ser más trágico, al otro día Alexis sufrió un terrible accidente al tratar de tomar el néctar de unas flores que se hallaban cerca al nido de un petirrojo, el pájaro tratando de defender su nido le quebró un ala y Alexis cayo de gran altura, aunque fue una lesión severa estaba vivo y se recuperaría con un poco de cuidado y atención.



Arthur cuidó a Alexis durante su recuperación y en pocos días este pudo caminar pero pasarían varias semanas antes de que pudiera volver a volar, aun así el espíritu inquieto de Alexis no se detenía y de esta manera corría tras los grillos, escalaba las cortezas de los árboles e iba todos los atardeceres a la roca donde Arthur lo conoció.



A pesar de sus lesiones y su lenta recuperación Alexis era feliz pero Arthur se sentía preocupado por él, siempre creyó que el exceso de actividad de Alexis ponía en peligro su vida, Arthur andaba pendiente de mantener su brillo y por eso pocas veces se daba a la aventura, en más de una ocasión se enfrentaron debido a que Arthur impedía que Alexis se aventurara mas allá de lo permitido.



Arthur se preocupaba enormemente por Alexis, al punto tal que su cuidado se volvió una obsesión, Alexis no lo sabía pero Arthur había perdido alguien en su pasado y temía que le volviera a ocurrir, su comportamiento obsesivo acorralaba a Alexis quien en ocasiones pensaba en huir de Arthur.



Una mañana cuando Alexis estaba bastante recuperado, Arthur le corto las alas mientras dormía.

sábado, 26 de septiembre de 2009

El camino del cielo


La afilada punta atravesó la carne con la misma fluidez con que el sonido cruza el aire; un sinfín de burbujas químicas se agolpaban por navegar en los rápidos del torrente sanguíneo rumbo a un cerebro que se había deteriorado a través de los meses.

Javier sentía cada gota de la droga entrar en sus venas, al principio su atención presente en la jeringa clavada en su maltratada piel le hacia sentir algo de remordimiento por que sabia que se estaba destruyendo a si mismo, pero poco a poco esa sensación de culpa se transformaba en bienestar, los desvencijados muros desnudos de su casa se trasformaban en marmoleas paredes, adornadas con obras majestuosas pintadas por artistas inmortalizados.

Y allí en medio de ese paraíso artificial surgía él, su aspecto era mucho mejor que como lo recordaba Javier, su memoria consciente traía el recuerdo de su pareja agonizante en la cama del hospital, pero bajo la influencia de la droga su pareja se veía ahora de pie, con sus cabellos agitados al viento, lanzándole una sonrisa que iluminaba el espacio, y una mirada que hacia desnudar el alma de Javier hasta encontrar su esencia misma.

La voz que la muerte había silenciado, recobraba la vida e invadía los tímpanos de Javier, era un sonido suave que acariciaba su oído y que lentamente empezaba a subir de volumen hasta convertirse en un grito aterrador y ensordecedor, Javier se tapaba las orejas con las manos y gritaba al tiempo, cerraba sus ojos por que sentía su cuerpo caer desde gran altura, al finalizar la caída, Javier abría los ojos para encontrar de nuevo los desvencijados muros desnudos de su casa.

Solo el cansancio le impedía salir a vender las últimas cosas que le quedaban, a mendigar, o a robar a algún transeúnte desprevenido y así poder comprar un poco mas de elixir que lo llevaba al cielo, al lado de su amado.

Se odiaba a si mismo, eso era evidente, odiaba al mundo, pero sobre todo odiaba el maldito virus que lo había dejado solo en este decadente planeta, odiaba no tener el coraje de clavar un cuchillo en su muñeca y comprobar como el hilo de sangre se convertía en un rio para navegar hacia los brazos del amado ausente.

Sabia que faltaba solo un poco, que la única razón de ser feliz podía estar en algún día terminar siendo apuñalado en alguna calle mientras contemplaba aquellos ojos que de nuevo aparecian llenos de vida, pero cada vez era lo mismo, un despertar en un mundo de miseria, donde por unas monedas conseguía un nauseabundo plato de comida, en una calle llena de basura, donde decenas de personas dormían en el suelo revolcándose en su propia suciedad.

No pocas veces la familia de Javier, algunos de sus más allegados amigos, los organismos de protección social intentaron en vano buscar una alternativa a su dolor, y apartarlo de la droga que tanto daño le hacia, eso creían ellos, Javier jamás permitió que lo desligaran de lo único que en este mundo lo hacia sentirse menos solitario e incomprendido.

(…)

El viento entraba de forma inconstante por la ventana del consultorio, un velo de color verde que trataba infructuosamente de detener los rayos del sol, no cesaba de agitarse y pegarse contra el cabello de Javier, este entre tanto sin prestarle mayor atención, leía por decima vez el resultado de la prueba de VIH, era positivo, su cuerpo transportaba el mismo virus que le estaba arrancando a su pareja de las manos a unos cuantos metros del consultorio donde se hallaba, mudas eran las palabras de aliento que la sicóloga del hospital pronunciaba, su voz se escuchaba a lo lejos como el eco de las voces de los ángeles sobre la tierra…

(…)

Javier no esta dispuesto a dejarse llevar por la enfermedad, su trastornado instinto de supervivencia le obliga a no dejarse ganar, a no ser tan débil como su amado, el no permitirá ser asesinado por un virus, aunque pierda la vida en el intento, en cada viaje a los ojos de su amado, le explica que esta luchando y que solo su recuerdo le permite seguir sobreviviendo.

(..)

Ha tocado las fibras incomprensibles de mi ser, cada uno de sus vellos encaja en cada uno de mis poros con milimétrica exactitud, su muerte solo dejo una pieza incompleta del rompecabezas de nuestras vidas en este mundo, no se si eso es amor, pero nuestras vidas se complementan perfectamente, tanto que no podemos existir de forma individual.

(…)

La madre de Javier espera el cuerpo de su hijo junto a la puerta doble del pabellón de urgencias, Javier, victima de una sobredosis no se dejo ganar de la enfermedad.