lunes, 18 de abril de 2011
Maritza
***
¡¡Mierda y mil veces mierda!! ¡¡¡Desde cuando tengo que realizar yo una cesárea a un cadáver!!!” – Rezongaba con enfado el médico cirujano, aunque se negara admitirlo, en el fondo sabía que contando con suerte el pequeño bebe alcanzaría a sobrevivir, la ambulancia había llegado con suficiente tiempo para recoger a Maritza quien yacía inerte en la mesa del quirófano en espera de que el fruto de sus entrañas surgiera con la misma vida que a ella le faltaba.
En los milagrosos designios del destino Maritza había engendrado desde la muerte a un hermoso niño de buen semblante que a pesar de iniciar en cuidados críticos se recuperaba rápidamente como si la ausencia de madre desde antes de nacer no hubiera afectado en lo más mínimo su desarrollo.
“Según entiendo la madre no ha sido identificada” – Comento una enfermera a otra mientras atendían al bebe.
“Así es, Maritza es el nombre de la madre del patrullero que encontró el cuerpo, la señora murió hace más o menos un año en una forma muy parecida a como encontraron a la mamá de este bebe” – respondió la otra enfermera.
“¿Pero la policía no tiene ninguna pista?”
“Ninguna, no hay denuncios de desapariciones de mujeres embarazadas, ni las huellas dactilares, ni el ADN han ayudado a identificar el cuerpo”
“¿Y entonces cual será el destino de esta criatura?, mira al pobre, en estos momentos no sabe que su nunca va a conocer totalmente su origen, y sin embargo es de los más fuertes y sonrientes de la salacuna”.
La otra enfermera respondió como atendiendo a sus conversaciones de rutina: “Supongo que el área de trabajo social se encargara de él, lo pondrán en una casa del estado o si tiene más suerte de la que ha tenido hasta ahora podría ser rápidamente adoptado”.
Las proféticas palabras de la enfermera se materializaron ya que en poco tiempo el hijo de Maritza fue adoptado en el seno de una amorosa familia.
***
Martín corría por las oscuras calles, sentía como el latido de su propio corazón rebotaba en sus oídos ensordeciendo los demás sonidos de la calle, las escenas de la noche transcurrían de forma incesante en su cerebro como si todos los recuerdos de lo acontecido, pujaran por ocupar el primer lugar de sus pensamientos, recordaba la imagen de Carmen que inexpresiva caía al suelo como si no hubiese sentido la llegada de la muerte y simplemente se hubiese marchado de este mundo sin darse cuenta.
Palpo en su bolsillo, aun tenía los billetes, era más dinero que el que podía haber reunido en un año de trabajo, instintivamente decidió deshacerse del revólver y por eso lo arrojo al fondo del primer caño de aguas negras que cruzo en su camino, seguía corriendo, no podía evitar pensar en Carmen y en don Guillermo, toda la historia acababa aquí y él no sabía qué era lo que debía hacer.
Llevaban poco más de un año viviendo en la ciudad con Carmen, motivados por el hambre habían llegado del campo con el sueño de una mejor vida, ubicados en un barrio marginal y enfrentados a la posibilidad de conseguir un empleo decente, Martín había terminado por unirse con una banda de ladrones con la mala suerte que el revólver que le habían facilitado para amenazar a sus víctimas se había disparado accidentalmente y habían terminado asesinando a una anciana señora, que resulto ser madre de un patrullero de policía.
Por esa razón se alejo del grupo delincuencial, sin la intención de contar a nadie lo sucedido, incluso había escondido el revólver en un lugar donde Carmen no lo pudiera encontrar, desde entonces se había dedicado al reciclaje aunque no tenía la capacidad de dotar a su esposa de los elementos mínimos para una vida digna, en ocasiones incluso no comprendía como su Carmen hacia alcanzar el poco dinero que él llevaba a casa.
Pero esa precisa noche recuerda que todo sucedió muy rápido, Carmen lo esperaba nerviosa en la casa, Martín escuchaba como su esposa le relataba que el hijo que esperaba no era de él, sino del Señor Guillermo, el hombre para el que ella trabajaba como empleada del servicio algunos meses atrás, a pesar de que tuvo que dejar ese empleo por el embarazo el señor Guillermo había seguido ayudando pródigamente a Carmen, lo que les había ayudado a solventar su difícil situación.
Martín sintió como su cabeza se llenaba de sangre, mientras hacía caso omiso a la razón y sin escuchar las explicaciones de Carmen tomo el revólver del lugar donde lo tenía escondido y salió en dirección a la casa del Señor Guillermo, Carmen salió corriendo tras de él, sin reparar que no llevaba encima nada que la identificara.
Una hora más tarde Martín golpeaba incesantemente la puerta del señor Guillermo y cuando éste abrió, se encontraba semidesnudo y agitado, Martín le apunto con el revólver directo a la frente, cegado por el dolor exigía la presencia de la esposa de Guillermo, intentando encontrar alguien con quien compartir el sentimiento de la traición causada, pero no alcanzaba a comprender que estaba pasando cuando del cuarto principal salió otro hombre que preguntaba que estaba pasando.
Martín seguía recordando las explicaciones de don Guillermo sobre la fecundación in vitro y el alquiler del vientre, admitía que no entendía bien el asunto, ya que su mente se debatía entre la confusión sobre la orientación sexual de don Guillermo y el dolor de la traición que ahora no lo parecía tanto, no recuerda exactamente como trascurrieron las cosas pero recordaba el ruido de las sirenas mientras corría por las calles, también recordaba haber cambiado de rumbo varias veces girando en cada esquina y aun sin explicarse bien, estaba de nuevo en la ruta hacia su propia casa.
Tampoco recuerda claramente porqué se encontró a Carmen tan lejos del barrio en que vivían, ella en pijama le explicaba que solo lo había hecho por el dinero, pero que don Guillermo era homosexual y todo había sucedido en una clínica de fertilidad, mostraba a Martín un fajo de dinero que había ahorrado. Sin embargo en el recuerdo de Martín el eco de sus propias palabras era lo único que le resonaba en el oído:
- “Prefiero saber que me fuiste infiel a aceptar que estas esperando el hijo de un marica”
Con los ojos cerrados y saturado por la ira que lo dominaba, apretó el gatillo, recordaba un ruido sordo que cortaba el silencio de la noche y al abrirlos contemplaba el rostro inexpresivo de Carmen y de nuevo los recuerdos volvían a su mente en un orden confuso, Martín seguía corriendo y pensando, no sabía si instintivamente había tomado el dinero y había huido como un vil ladrón, por eso se detuvo en la mitad de la calle para verificar sí aun lo llevaba en el bolsillo, en ese momento de la nada surgió un vehículo que no alcanzo a frenar y cegó la vida del excitado homicida.
***
- “Es el segundo cuerpo sin identificar que encontramos hoy” – Dijo un patrullero a su compañero
-“Al parecer este fue atropellado por un carro fantasma, pero al parecer fue un accidente, mira que montón de dinero lleva en los bolsillos, o sea que descartamos la idea de un robo” - Repuso el otro patrullero – “Diré en el reporte que se llama Francisco como mi Abuelo, a él lo atropello una moto hace bastantes años”.
- “Sabes esa costumbre tuya de colocarle los nombres de tus familiares muertos a los cadáveres no identificados es un tanto macabra…”
***
Al no aparecer nadie que los reclamara, los cuerpos sin vida de Carmen y Martín fueron enterrados en tumbas sin nombre muy cerca el uno del otro para toda la eternidad.
jueves, 15 de abril de 2010
Un dia libre
El agua no logro calentar su cuerpo: “¡Pero que frio hace hoy en Bogotá!”, Pablo siguiendo un extraño impulso se vistió con aquellas ropas que más le agradaban, sumido en un incipiente egoísmo de vestirse para sí mismo y no para los demás, le extraño con franqueza que el teléfono no sonara, la previsible llamada de Andrés, una especie de mezcla entre amigo y novio, no había llegado hoy.
Estando listo para salir decidió llamar el mismo a Andrés para proponerle ir al cine o a comer o simplemente caminar, pero el teléfono de Andrés timbraba constantemente y nunca fue contestado, se sintió extrañado pero igual decidió salir solo, esa mañana la helada brisa alivianada golpeaba su cara, el frio penetraba a través de sus huesos y sin embargo Pablo se sentía ligero, escuchaba el murmullo de las masas que se agolpaban en los buses rumbo a sus trabajos, como si una fuerza impenetrable le diera un respiro de la agotadora rutina diaria.
Aunque llevaba años sin fumar, prendió un cigarrillo y camino fumando con las manos en los bolsillos, bajo el cielo gris, recordaba sin nostalgia aquellos tiempos de Universitario cuando creía que si podía reemplazar el almuerzo con un cigarrillo, trasformar el mundo no era un atarea imposible.
Tras varias horas de caminata, se sintió solo, la ausencia de Andrés nunca había sido tan profunda como ahora, le extrañaba su silencio y aunque rastreaba en su memoria los indicios de un disgusto anterior, una nube gris también cubría los recuerdos de los días anteriores, igual poco le importaba porque se sentía liberado, incluso de sus propios prejuicios y en un arrebato de libertinaje consumado decidió entrar a un cibercafé y contactar a un desconocido con intenciones de sexo ocasional y sin compromiso.
Observo largamente la lista de mensajes que pugnaban por ganar protagonismo en la pantalla, respondió a muchos de ellos sin obtener respuesta, el mundo virtual parecía trascurrir sin su presencia y a pesar de gritar con el teclado sus palabras parecían ciegas ante los ojos de los otros espectadores.
Decepcionado aun más, salió del café con rumbo a ese sórdido lugar que hacía muchos años no frecuentaba, y que muy pocos sabían que alguna vez había ido, su autoestima se sentía destruida al ser tan vilmente ignorado en el mundo virtual, así que aunque no se consideraba un adonis asumía que tendría más fortuna en el oscuro y cálido mundo real de un sauna.
Se desnudó sin prisa, observo su torso y se vio a si mismo más delgado y mas pálido, no por eso se sintió débil o enfermo, sin embargo anhelaba la vitalidad de sentir la tibieza de otro cuerpo rozando el suyo propio, en busca del calor que no había sentido desde la mañana. Ese día como nunca antes todos los seres que deambulaban por aquel lugar, establecían contactos e ignoraban meticulosamente a Pablo, como si en el fondo nadie se percatara de su presencia.
Por primera vez se sintió completamente ajeno al mundo, recordaba sus ritmos diarios, el café, el autobús, las personas, el internet y hasta el sauna, hoy era su día de libertad y sentía que hasta el propio disfrute del morbo estaba involucrado en su diario vivir al eliminar sus rutinas laborales también había eliminado el origen del verdadero placer.
Se vistió aprisa conmovido por el desperdicio de su día de descanso, marcó de nuevo a Andrés sin recibir respuesta, camino a su casa millones de recuerdos de toda su vida invadían su mente sin sentir nostalgia de algún pasado mejor, el único sentimiento que le producía una profunda congoja era el haber sido olvidado por el mundo mientras el trataba de disfrutar su día libre.
Su concentración fue alterada al notar el número de personas que se agolpaban en la puerta de su casa, una ambulancia estaba estacionada en medio de la multitud, la madre de Pablo lloraba ante una camilla que tenía un cuerpo cubierto de pies a cabeza, a su lado estaba Andrés que la consolaba infructuosamente, mientras la policía interrogaba algunos vecinos.
En ese momento Pablo se dio cuenta que se había muerto solo durante la noche anterior.
viernes, 19 de febrero de 2010
Amet
El viento frio rozaba suavemente los cristales del automóvil, dejando un húmedo tapiz de pequeñas gotas brillantes sobre su superficie, en el interior la calefacción hacia olvidar ligeramente el helado amanecer de la mañana Bogotana, un radio teléfono permanecía en silencio, en esa hora muerta en que nadie solicita un taxi.jueves, 4 de febrero de 2010
Rompiendo la rutina
Margarita ese día no llegó, era extraño que eso sucediera por que todos los días a las 7 de la mañana se escuchaba girar la perilla de la calle y sus pasos por el corredor principal de la casa, siempre llegaba cubierta con un largo abrigo café de imitación piel y una bolsa plástica con las compras del desayuno, Bernardo la esperaba en la cama para que lo ayudara a levantar y a asearse, Margarita lo cuidaba como si a pesar de su avanzada edad fuese aun un bebe.martes, 12 de enero de 2010
Aquel encantador extraño
Wilson en la barra pedía dos cervezas, miraba a Julio bailar solo en medio de la multitud, sus cabellos rizados no parecían moverse de ninguna forma coordinada, pero su mirada mantenía fijada en Julio y de cuando en cuando le brindaba una sonrisa, Wilson se sentía feliz, el encontrarse accidentalmente con ese hombre le estaba cambiando la vida.
Unas horas antes al finalizar la jornada laboral, Wilson salía de su oficina rumbo a su casa, se sentía solo y triste, estaba en esos días en que todo es de color gris, con tres relaciones fallidas llevaba más de un año solo mientras que sus amigos parecían estar felices cada uno en su propio mundo.
Tomo un autobús rumbo a la casa, sabía que era viernes y le encantaría salir a bailar pero no estaba dispuesto a salir a un bar a buscar compañía y sexo ocasional, él anhelaba una compañía un poco más permanente. Al subir reparó en el joven rubio sentado en la primera fila, se sentó un puesto atrás al lado opuesto para observarlo mejor, al rato descubrió que podía observarlo a través del reflejo del vidrio del conductor y así no incomodarlo.
Cuando el hombre fue a descender, Wilson se apresuro para descender primero con el objeto de evitar que pareciera que estaba persiguiendolo, se bajo del autobús y en seguida ese muchacho de cabellos rizados bajo tras de él.
- “Si me sigues mirando me vas a gastar” – le dijo a Wilson con cierta sonrisa picara – “Note como me mirabas a través del reflejo” – prosiguió mientras lo miraba.
Wilson sintió cierto escalofrío recorriéndole la espalda mientras pensaba, que había descubierto al hombre de su vida, o más bien que él había sido descubierto, descubriendo al hombre de su vida, caminaron juntos calle arriba, al principio la conversación inicio como muchas conversaciones de personas que no se conocen, el nombre, la edad, las cosas a que se dedica en la vida, y muchas mas.
Pero en un momento empezaron a hablar de barcos, el tema favorito de Wilson, y noto que Julio estaba muy versado en el tema, caminaron y conversaron por muchas cuadras, incluso muchas cuadras mas allá de lo racionalmente cerca de la parada del autobus y terminaron bebiendo un café caliente mientras cruzaban sus miradas con cierto aire de romanticismo y complicidad.
Decidieron salir a bailar esa misma noche, descubrieron que tenían los mismos gustos musicales, los mismos gustos en lo referente a las bebidas y hasta misma costumbre de sorber el trago a través del mezclador en vez de beberlo normalmente.
Wilson sabía una cosa, no es prudente irse a la cama con un hombre cuando se espera de él algo más que una noche de placer, asi que tras la noche de rumba y el beso robado y luego devuelto y muchos besos más, Wilson se ofreció a llevar a Julio a la casa de él.
- “¿Y cómo se que te volveré a ver?” – Pregunto Julio con curiosidad y cierto desgano
- “Toma esta pulsera es una de mis posesiones más preciadas, cuando nos volvamos a ver me la devuelves así sabrás que volveré a buscarte”. Respondió Wilson en la puerta de la casa de Julio y luego de despedirse salió con rumbo a su propia casa con un embarque inmenso de felicidad.
Dos días después Wilson volvió a la casa de Julio, con la esperanza de volverlo a ver, pero en su lugar una mujer de avanzada edad empezó a llorar cuando Wilson le pregunto por Julio.
- “Julio mi hijo, murió hace más de un año en una riña callejera” – aseguró la mujer tratando de calmarse.
- “No es posible antenoche estuvimos tomando café, rumbeando Juntos, y hablando de barcos” – Respondió Wilson.
- “Pero si Julio nunca supo nada de barcos, incluso le temía al agua, además no le gustaba el café”.
Una fotografía permitió a Wilson verificar que efectivamente estaban hablando de la misma persona, la señora amablemente invito a Wilson hasta el lugar donde se hallaba la tumba de su hijo, un cementerio alejado de la ciudad, a la entrada del mismo ella compro flores rojas sembradas en una canasta de mimbre y esparcia sobre ella los caramelos que le gustaban a su fallecido hijo y que mas tarde terminarían comiéndose los pájaros.
Llegaron con paso lento, mientras la serena tarde avanzaba igualmente sin prisa, hasta una tumba en el suelo, cuyo pasto había sido cortado recientemente, se ornaba con una pulida lamina de mármol gris sobre la cual reposaba brillante la pulsera de Wilson.
lunes, 28 de diciembre de 2009
La poción
Releía aquel libro viejo que se robo de la biblioteca del colegio donde un hechicero preparaba mágicas pociones con humos de todos los colores, el viejo libro se había desgastado en sus manos ya que nadie del colegio lo había mirado en años y se imaginaba allí en la cocina de su madre preparando pociones mágicas, que lo convirtieran en duende u ogro y de esa manera sentirse especial.
A pesar de los constantes reclamos de su padre y las burlas de sus compañeros, que de vez en cuando le llamaban maricón, sabia que era especial, sabia que eso le podía a ocurrir a él, el más común de los mortales, tantos libros y películas que había leído y visto en la vida no podían equivocarse.
Una noche en que sus padres se iban a un comida fuera de casa el se quedo solo, había sido victima de las humillaciones de sus compañeros, y ese día se sentía particularmente diferente a los demás, ni menos ni más, simplemente distinto, así que decidió buscar el viejo libro que había robado de la biblioteca y preparar una poción que le permitiera volar hasta el mundo mágico a donde con seguridad pertenecía.
Con la presteza de quien ha preparado mil veces la receta, arranco pelos al gato de la casa y plumas a las gallinas del solar, un poco de ceniza y a falta de aliento de dragón cambio este ingrediente por cebolla cabezona argumentando que no afectaría el sabor, cuando el vapor del primer hervor alcanzo el techo de la cocina lo dejo reposar al aire sereno de la noche por un par de horas, antes de beberlo hasta el fondo y sin dudarlo un segundo.
Su cuerpo se estremeció cuando la mágica poción descendió por su garganta, tenía un sabor desagradable, a grasa, perfume y detergente, para cuando llegó al estomago, él convulsionaba en el suelo mientras destellantes luces de colores le cegaban los ojos, sentía un dolor inmenso salir de su vientre hacia todo su cuerpo que poco a poco se iba paralizando hasta quedar totalmente inconsciente.
(…)
Cuando despertó, se sintió diferente, no como se había sentido siempre, esta vez era real, sus brazos eran enormes y la piel de su rostro había perdido esos ligeros defectos de la adolescencia, era mas alto, mas fornido y el lugar donde estaba era un bello jardín cubierto de flores de mil colores, aunque el sol brillaba con fuerza un suave rocío cubría las plantas mientras un aire fresco le agitaba el ondulado cabello.
Recorrió el lugar, mientras pensaba para si, que la poción había resultado efectiva, que era el poderoso hechicero con quien siempre había soñado, y en su viaje descubrió coros de ranas, cascadas de miel y oro, arboles mágicos que conceden deseos y mil maravillas más. Tras varias horas de caminar deslumbrado por aquel mágico lugar diviso una silueta humana.
Era un hombre desnudo que se bañaba en un lago rodeado de piedras redondeadas, lo veía de espaldas, unas espaldas anchas y una cintura firme, con unos brazos torneados y músculos firmes, el conjunto en si era bello y él se siguió acercando a contemplar este ser que le generaba una magnética atracción, el hombre volteo a verlo y con una sonrisa que hizo parecer gris al radiante día lo invito a unirse a su baño.
El rostro de aquel hombre le pareció familiar pero sumamente atrayente, y pese a los temores y la discriminación de sus compañeros, sabia que en aquel lugar todo era perfecto, se acerco al hombre y descubrió que podía caminar sobre las aguas, se sentía atraído por esa sonrisa que paso a paso lo unió con aquel desconocido en un poderoso beso, que lo dejo sin aliento y muy pronto sin sentido a causa del placer.
(…)
- “Su hijo se ha intoxicado, no es nada grave, que se tome estas pastillas hasta que se sienta mejor, es posible que incluso hasta haya tenido alucinaciones”, fue la prescripción del medico.
Para todos fue una simple intoxicación por andar experimentando en la cocina, pero para él la visita al mundo mágico donde se despertó su sexualidad era bastante real, ahora sabia por que era diferente.
martes, 1 de diciembre de 2009
Pachabuco
Los hombres quieren a Pachabuco porque los hace reír, y Pachabuco también es feliz, es cómplice del amor y cuando una pareja desea estar junta, arma lechos en la selva, acolchados con pétalos de miles de orquídeas, armoniza coros de ranas doradas (Que son las que mejor cantan) y trae enjambres de luciérnagas que juegan a ser las estrellas en las noches de lluvia.
Cuando dos seres se compenetran producen una música celestial que irónicamente los humanos son incapaces de oír, Pachabuco entonces va a lo profundo de la selva y extrae lianas de un árbol tan desconocido que aun no tiene nombre, con ella produce un cordón mágico e invisible con el que ata los pies de la pareja toda su vida, entre el gorjeo de loros y gritos de monos aulladores se escucha a Pachabuco reír.
Los caciques de los hombres dan ofrendas a Pachabuco, saben que adora la miel negra de caña y por lo tanto le dejan copas de oro adornadas de esmeraldas rebosantes del dulce néctar, Pachabuco lo bebe totalmente (aunque pelea por él con las hormigas) y utiliza el oro para dar brillo al sol, muele las esmeraldas y con el polvo pinta las hojas de la selva.
Un día Pachabuco observo desde el monte unos hombres de extraña vestimenta llegar al mundo de sus amigos humanos, traían objetos que producían ruidos ensordecedores, tomaron todo el oro, las esmeraldas, se llevaron a los hombres e incendiaron la aldea, desde entonces no hubo más música, mas ofrendas, ni más risas.
Pachabuco se refugió en el fondo de la selva donde durmió por casi 500 años, desde la rama del árbol donde estaba durmiendo, escuchó las luchas de la conquista y la colonización, gritos de independencia, guerras civiles, asesinatos de caudillos, secuestros y conflictos armados.
Un buen día Pachabuco escucho de nuevo la música celestial que solo dos humanos compenetrados pueden producir pero que son incapaces de escuchar, Pachabuco despertó y corrió en busca de los amantes, creyó en el regreso de sus amigos humanos pero cuando llegó se sorprendió, en vez de encontrar un hombre y una mujer encontró a dos hombres entregándose mutuamente su amor.
Pachabuco giro la cabeza y escucho de nuevo la música que llevaba medio milenio sin oír, solo lo pensó un instante y fue a lo profundo de la selva y extrajo lianas de un árbol tan desconocido que aun no tiene nombre, con ella produjo un cordón mágico e invisible con el que ató los pies de la pareja toda su vida.
Miles de gritos de Guacamayas Azules y Rojas, Cantos de Ranas y Chicharras, Aullidos de Monos y loros, la selva entera escucho de nuevo a Pachabuco reír.
domingo, 22 de noviembre de 2009
Ohh fantasma

jueves, 12 de noviembre de 2009
Arthur y Alexis

Cuando Arthur conoció a Alexis, este último estaba sentado en el borde de una roca contemplando el paisaje, sus alas se veían brillantes aunque maltratadas, en cambio las alas de Arthur resplandecían con un brillo inusual.
- “Que te ha pasado”, pregunto Arthur
- “Me he puesto a correr tras unas luciérnagas y he tropezado”
Las miradas de los dos seres feericos se cruzaron y se gustaron, Alexis sonrió y salto volando a la copa de un árbol, Arthur lo siguió y empezaron a juguetear tratando de acercarse al cielo, a su paso dejaban una estela dorada de polvo de hadas y sus pequeñas risillas resonaban en el bosque encantado, es probable que uno que otro humano las alcanzara a escuchar.
Tras juguetear por un largo rato, se sentaron en el borde de un manantial, donde Alexis le conto a Arthur que le gustaba explorar, conocer nuevos lugares, y que se había maltratado por culpa de su espíritu aventurero, muchas veces había sido recriminado por sus compañeros de la gruta donde había nacido y sabia que si alejaba demasiado su vida se agotaría.
Arthur por su parte, guardaba silencio ante su pasado y su futuro, al contrario de Alexis, era un hada brillante pero de mirada triste, los dos seres se sintieron complementarios y mientras un manto de estrellas cubría la noche, unieron sus vuelos rumbo a la gruta donde Alexis había nacido.
El designio de la diosa fortuna no pudo ser más trágico, al otro día Alexis sufrió un terrible accidente al tratar de tomar el néctar de unas flores que se hallaban cerca al nido de un petirrojo, el pájaro tratando de defender su nido le quebró un ala y Alexis cayo de gran altura, aunque fue una lesión severa estaba vivo y se recuperaría con un poco de cuidado y atención.
Arthur cuidó a Alexis durante su recuperación y en pocos días este pudo caminar pero pasarían varias semanas antes de que pudiera volver a volar, aun así el espíritu inquieto de Alexis no se detenía y de esta manera corría tras los grillos, escalaba las cortezas de los árboles e iba todos los atardeceres a la roca donde Arthur lo conoció.
A pesar de sus lesiones y su lenta recuperación Alexis era feliz pero Arthur se sentía preocupado por él, siempre creyó que el exceso de actividad de Alexis ponía en peligro su vida, Arthur andaba pendiente de mantener su brillo y por eso pocas veces se daba a la aventura, en más de una ocasión se enfrentaron debido a que Arthur impedía que Alexis se aventurara mas allá de lo permitido.
Arthur se preocupaba enormemente por Alexis, al punto tal que su cuidado se volvió una obsesión, Alexis no lo sabía pero Arthur había perdido alguien en su pasado y temía que le volviera a ocurrir, su comportamiento obsesivo acorralaba a Alexis quien en ocasiones pensaba en huir de Arthur.
Una mañana cuando Alexis estaba bastante recuperado, Arthur le corto las alas mientras dormía.
sábado, 26 de septiembre de 2009
El camino del cielo

Javier sentía cada gota de la droga entrar en sus venas, al principio su atención presente en la jeringa clavada en su maltratada piel le hacia sentir algo de remordimiento por que sabia que se estaba destruyendo a si mismo, pero poco a poco esa sensación de culpa se transformaba en bienestar, los desvencijados muros desnudos de su casa se trasformaban en marmoleas paredes, adornadas con obras majestuosas pintadas por artistas inmortalizados.
Y allí en medio de ese paraíso artificial surgía él, su aspecto era mucho mejor que como lo recordaba Javier, su memoria consciente traía el recuerdo de su pareja agonizante en la cama del hospital, pero bajo la influencia de la droga su pareja se veía ahora de pie, con sus cabellos agitados al viento, lanzándole una sonrisa que iluminaba el espacio, y una mirada que hacia desnudar el alma de Javier hasta encontrar su esencia misma.
La voz que la muerte había silenciado, recobraba la vida e invadía los tímpanos de Javier, era un sonido suave que acariciaba su oído y que lentamente empezaba a subir de volumen hasta convertirse en un grito aterrador y ensordecedor, Javier se tapaba las orejas con las manos y gritaba al tiempo, cerraba sus ojos por que sentía su cuerpo caer desde gran altura, al finalizar la caída, Javier abría los ojos para encontrar de nuevo los desvencijados muros desnudos de su casa.
Solo el cansancio le impedía salir a vender las últimas cosas que le quedaban, a mendigar, o a robar a algún transeúnte desprevenido y así poder comprar un poco mas de elixir que lo llevaba al cielo, al lado de su amado.
Se odiaba a si mismo, eso era evidente, odiaba al mundo, pero sobre todo odiaba el maldito virus que lo había dejado solo en este decadente planeta, odiaba no tener el coraje de clavar un cuchillo en su muñeca y comprobar como el hilo de sangre se convertía en un rio para navegar hacia los brazos del amado ausente.
Sabia que faltaba solo un poco, que la única razón de ser feliz podía estar en algún día terminar siendo apuñalado en alguna calle mientras contemplaba aquellos ojos que de nuevo aparecian llenos de vida, pero cada vez era lo mismo, un despertar en un mundo de miseria, donde por unas monedas conseguía un nauseabundo plato de comida, en una calle llena de basura, donde decenas de personas dormían en el suelo revolcándose en su propia suciedad.
No pocas veces la familia de Javier, algunos de sus más allegados amigos, los organismos de protección social intentaron en vano buscar una alternativa a su dolor, y apartarlo de la droga que tanto daño le hacia, eso creían ellos, Javier jamás permitió que lo desligaran de lo único que en este mundo lo hacia sentirse menos solitario e incomprendido.
(…)
El viento entraba de forma inconstante por la ventana del consultorio, un velo de color verde que trataba infructuosamente de detener los rayos del sol, no cesaba de agitarse y pegarse contra el cabello de Javier, este entre tanto sin prestarle mayor atención, leía por decima vez el resultado de la prueba de VIH, era positivo, su cuerpo transportaba el mismo virus que le estaba arrancando a su pareja de las manos a unos cuantos metros del consultorio donde se hallaba, mudas eran las palabras de aliento que la sicóloga del hospital pronunciaba, su voz se escuchaba a lo lejos como el eco de las voces de los ángeles sobre la tierra…
(…)
Javier no esta dispuesto a dejarse llevar por la enfermedad, su trastornado instinto de supervivencia le obliga a no dejarse ganar, a no ser tan débil como su amado, el no permitirá ser asesinado por un virus, aunque pierda la vida en el intento, en cada viaje a los ojos de su amado, le explica que esta luchando y que solo su recuerdo le permite seguir sobreviviendo.
(..)
Ha tocado las fibras incomprensibles de mi ser, cada uno de sus vellos encaja en cada uno de mis poros con milimétrica exactitud, su muerte solo dejo una pieza incompleta del rompecabezas de nuestras vidas en este mundo, no se si eso es amor, pero nuestras vidas se complementan perfectamente, tanto que no podemos existir de forma individual.
(…)
La madre de Javier espera el cuerpo de su hijo junto a la puerta doble del pabellón de urgencias, Javier, victima de una sobredosis no se dejo ganar de la enfermedad.




